Los amos de casa

Cada vez son más los hombres que, por necesidad o por vocación, asumen las labores del hogar y el cuidado de los niños, una opción todavía socialmente complicada que pone en evidencia las fallas del camino hacia la igualdad. En el Día de la Mujer conviene remarcar que si bien la aceptación social de la incorporación de la mujer al trabajo avanza cada vez más rápido, no existe correspondencia en que el hombre asuma con naturalidad lo que fueran para el sexo femenino “sus labores”: las del hogar y el cuidado de los hijos.

“Es necesario renegociar. Las mujeres han asumido las dos cargas durante años, el trabajo y la casa con los niños, y los hombres no están siendo corresponsables”, explica Paco Abril, sociólogo de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (Ahige), en España.

En Italia reivindican que el hombre también ha perdido con esta parcelación de los roles: “Tiene que empezar a explorar el camino inverso, buscar la realización de una manera distinta. La importancia de la persona que sabe autogestionarse”, confiesa Fiorenzo Bresciani, presidente de la Asociación de Hombres Amos de Casa en Italia.

Fundada en 2003 por tres hombres que defienden con orgullo su pasión por las labores del hogar, esta asociación cuenta ahora con 5.386 miembros de varios países.

En Estados Unidos, el libro “Househusband” (“Amo de casa”), de Ad Hudler, se convirtió hace unos años en un best-seller retratando con humor esta situación, y en Corea, recientemente, para los que defienden que las labores del hogar “embrutecen”, un “amo de casa” de 44 años, fue noticia al ganar el popular concurso televisivo “Quiz Korea”. Son pequeños vientos de cambio.

Otros hombres

En 2002, la página web de la CNN publicaba un artículo que comenzaba: “Para una mujer trabajadora, es una fantasía llegar a casa por la noche, a una casa impoluta, con una comida de gourmet haciéndose a fuego lento y los niños con los deberes hechos”.

Según Paco Abril, autor de un estudio para Ahige sobre los hombres que reducían su jornada laboral para encargarse o participar en casa, sólo el dos por ciento de las personas que solicitan esta reducción de jornada es de sexo masculino.

“Estudiamos empresas con medidas de conciliación de la vida laboral con la profesional y pensaban que estas medidas sólo serían solicitadas por mujeres”. En consecuencia, se sorprendían cuando algunos hombres también se acogían a ellas.

Abril asegura que afloran en las nuevas generaciones hombres que cambian las reglas. “Valoran el bienestar y no tienen tan en cuenta la ambición profesional”, por lo que prefieren realizarse como padre y hombre de su casa a la carrera profesional.

Las reacciones no son siempre favorables: muchos tienen que bregar con las preguntas de unos padres que creen que está tirando su futuro por la borda o se está “dependizando”; a unos amigos que les recriminan estar sometidos a la mujer o sospechan de su orientación sexual.

Y es que asumir el rol de amo de casa puede ser todo un ” outing”: “Hay -explica Abril- cuatro etapas psicológicas: desplazamiento -se sienten raros en el parque rodados de mujeres-; inseguridad en su estatus de hombre -por pasar mucho tiempo con la familia-; reflexión y finalmente aceptación”.

“Las mujeres, en general, desean que los hombres cambien”, añade Abril. “Es verdad que la educación patriarcal también les ha afectado a ellas y algunas prefieren quedarse como están, pero un estudio en Estados Unidos demostró que las parejas con reparto de tareas equitativo eran mucho más felices, con menos estrés, más salud y con hijos con mayor rendimiento escolar”, concluye.

Mateo Sancho Cardiel

EFE

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